Ayer con el cambio de horario, me quede tranquilamente en camita, mi hermana y mi cuñado fueron a una conferencia de la iglesia y no me despertaron (snif, me hubiera gustado asistir)
Despues de un desayuno ligero, café y pan tostado, estando sin nada que hacer y sin hijo que atender y todo en santa paz, estoy en mi recamara encerrada viendo televisión, voy a la cocina por un vaso de agua, cuando escucho de la sala a mis sobrinos hablar, sinceramente no levante la vista y seguí en lo mío, cuando de pronto sentí esa profunda mirada y volteo, los tres estaban acechandome y viéndome con cara de interrogación
- Que pasa?,- les pregunto
- Te estamos hablando a ti tía,
- Apoco, yo ni en cuenta, pensé que estaban platicando entre ustedes, ja, ja
- No tía, nos preguntamos que vamos a comer?
Y después el silencio total…. Cri, cri, cri...
Claro se aprovecharon del rival mas débil y yo con este corazón que tengo, que aunque ya sean unos jovencitos de 17, 19 y 24 años, los vi tan desvalidos, pobres niños desmadrados (pues su madre aun no regresaba de la iglesia y ya eran las 3pm) y al ver esos rostros con ojitos brillosos y carita de perrito apaleado, me dispuse a cocinarles.
Así que manos a la obra, fusilli en salsa de tomate, milanesa empanizada, puré de papa y ensalada, no les digo que haya sido algo laborioso, pero por lo menos todo mundo quedo contento y satisfecho – con la amenaza de que el primero que se quejara, ya no les vuelvo a cocinar, ja, ja.
Aquí solo les puedo decir… el hambre es canija, tan canija como para pedirle a la tía que les cocinara y siempre se quejan de mi forma de cocinar, ayer por lo menos no escuche queja alguna.
Díscolos, rimbombantes y consuetudinarios
-
Nada tiene que ver con nada. Nada de nada ni con nadie. Sea pues, comienzo
este relato como quien no quiere la cosa. Como si alguien en su mutismo
absolut...
Hace 4 días.
Publicadas por

0 comentarios:
Publicar un comentario