Al terminar mi jornada laboral, la rutina de siempre es salir lo antes posible para ver a mi peque, algunas veces solo llego por el y nos despedimos inmediatamente porque de ahi sigue algo interesante que hacer, salir de compras, visitar a alguien, asistir a la noche de hogar, ir al cine o a cenar y otras veces me quedo platicando con mi comadre mientras Angelito nos integra en sus juegos, ya sea con una pelota o con los dados de las serpientes y escaleras, para el sus juegos son de diferentes niveles y el pone las reglas y por supuesto el cambia las reglas.
Tal vez todo sea rutina, trabajar, dormir, comer, jugar, tal vez un día hago algo distinto y cambia totalmente el día, pero igual lo disfruto, disfruto esa rutina y hay una en especial que no quiero perder, cuando a Angelito lo coloco en su silla y le abrocho el cinturón de seguridad y junta sus manos como si escondiera algo entre ellas y me dice: te tengo una sorpresa y yo con mi cara de asombro (como si no supiera que es lo que me va a dar) y estando a escasos centímetros de su cara se le ilumina su rostro y con su sonrisa infantil me dice: un beso y un abrazo. Esa rutina Angelito no quiero que se acabe nunca.
Díscolos, rimbombantes y consuetudinarios
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Nada tiene que ver con nada. Nada de nada ni con nadie. Sea pues, comienzo
este relato como quien no quiere la cosa. Como si alguien en su mutismo
absolut...
Hace 4 días.
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